Montpellier, capital de Languedoc-Roussillon, es tradicionalmente una ciudad de estudiantes con un rico patrimonio cultural e histórico. Tiene un clima dulce y agradable durante todo el año. Montpellier ofrece un magnífico centro histórico con pequeñas calles, estrechas y muy pintorescas, preciosas mansiones del siglo XVI y numerosos cafés. Músicos y artistas por las calles, así como prestigiosos festivales, contribuyen a esa intensa vida cultural. La cálida atmósfera mediterránea se refleja en el día a día. Montpellier se abre al Mediterráneo como un anfiteatro, con sus largas y arenosas playas, las lagunas y grandes colonias de flamencos salvajes de color rosa. Gracias a su excelente localización entre la Provenza, la Camargue, las montañas Cevennes y los Pirineos, Montpellier ofrece una amplia variedad de excursiones. El interior es fascinante, con infinidad de gargantas, valles y pueblos pintorescos.